Inversiones y mentes brillantes

Inversiones y mentes brillantes

Invertir bien no se trata de ser más inteligente que el resto ni de acertar el próximo movimiento del mercado, sino que de contar con una asesoría rigurosa e independiente.

Existe una creencia extendida de que la inteligencia o ser un genio es suficiente para tomar buenas decisiones financieras. Sin embargo, la historia demuestra lo contrario. Algunas de las mentes más brillantes de la ciencia y la política cometieron errores graves al invertir, recordándonos que el mundo financiero exige algo más que talento intelectual.

Isaac Newton, considerado uno de los mayores genios que ha tenido la humanidad, perdió una parte relevante de su fortuna durante la burbuja de los mares del sur “South Sea Bubble” en el siglo XVIII. Sabía que se trataba de una burbuja, pero creyó que podría salir a tiempo. Winston Churchill, brillante estratega político y Premio Nobel de Literatura, fue un inversionista impulsivo, con frecuentes problemas de liquidez, uso de apalancamiento y decisiones guiadas por el entusiasmo del momento. En ambos casos, la inteligencia no fue suficiente para protegerlos de errores financieros importantes.

Otros personajes destacados muestran una lección distinta. Charles Darwin, lejos de buscar apuestas audaces, fue un inversionista paciente y ordenado. Mantuvo registros detallados, entendió sus flujos de ingresos y ajustó su portafolio cuando el contexto cambió. John Maynard Keynes, economista fundamental del siglo XX, logró retornos extraordinarios no por predecir el mercado, sino por tener una estrategia clara, convicción de largo plazo y disciplina para sostenerla incluso en periodos de alta volatilidad.

El punto en común no es la brillantez intelectual, sino el método. Los mejores resultados aparecen cuando las decisiones de inversión están alineadas con objetivos claros, horizontes definidos, productos eficientes y, sobre todo, con las necesidades de caja que la vida real impone: gastos familiares, imprevistos, cambios laborales o jubilación.

En Chile, todavía es frecuente ver decisiones de inversión tomadas desde la intuición, recomendaciones informales o la búsqueda de rentabilidad rápida, sin una reflexión profunda sobre liquidez y propósito de inversión.

Invertir bien no se trata de ser más inteligente que el resto ni de acertar el próximo movimiento del mercado, sino que, de contar con una asesoría rigurosa e independiente, capaz de ordenar prioridades, anticipar necesidades de caja, mantener una estrategia coherente en el tiempo y cambiarla si las circunstancias lo ameritan. En definitiva, en las inversiones, la disciplina y un método claro suelen ser mucho más valiosos que la mera inteligencia.

Maximiliano Gré
CFA y financial advisor manager de Betterplan

El Mercurio Inversiones, martes 17 de febrero de 2026